Uno de los libros más sabios de
la Palabra de Dios es el de Job, allí encontramos una historia contraria a la
que muchas veces nos predican, un varón justo como ninguno en la tierra de ese
entonces que es azotado por un enemigo, el que tenemos en común, el único, ese
que llamamos “diablo”. Este personaje que se presenta entre los hijos de Dios y
viene de rodear la tierra. La conversación que mantiene el Padre con el
acusador acerca de Job nos hace ver cómo el Creador estaba al tanto de todo lo
que su siervo hacía. Las palabras del adversario insinúan una “falsa integridad
en Job” ¿Cómo crees que todo esto lo hace de balde si tu lo bendices tanto?
Espera ver cómo reacciona ante algo que no salga como él espera…
A partir de allí, con permiso de
Dios, el dolor invade el universo de Job. En un de repente, le roban sus
bueyes, asnas y camellos, un fuego consume sus ovejas y pastores, y lo más
doloroso, sus diez hijos (si 10!!!) son arrebatados de este mundo por un
trágico accidente. Job y su esposa de ser una familia respetada y admirada
pasan a un estado de total desamparo, frente a la sepultura de sus hijos, sintiendo
su absoluta indefensión y humanidad la mujer saca su amargura diciendo: “¿Aún
mantienes tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!”. En otras palabras como
cualquiera de nosotros diríamos: “termina con todo esto, ya no tenemos razones
para seguir viviendo”.
A pesar de esto, Job puede
mantenerse sólido en su esperanza, “Dios dio y Dios quitó”, “¿Recibiremos de
Dios el bien y el mal no lo recibiremos?”
A partir de aquí empieza el
transitar de nuestro personaje por el camino del dolor, así como sin lugar a
dudas nos ha tocado o nos tocará también atravesar. Ese dolor que debe ser
respetado y escuchado por nosotros y los que amamos para poder incorporarlo
sanamente a nuestras vidas. Ese mismo que intentaremos evitar que se enquiste
en el alma a pesar de que nos enfrente con nuestros lados oscuros, nuestras
limitaciones y vulnerabilidad.
El Salmo 84: 5 y 6 dice: “Bienaventurado
el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos.
Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena
los estanques”
Pero ¿Quién quiere hacerse fuerte
de esta manera? Y ¿cómo transformar la pérdida de todo, incluidos 10 hijos, en
una fuente? Y vamos mucho más… “No quiero fortalecerme de esta forma”. Algo así
como expresa la esposa de Job, alguien que seguramente hemos juzgado por sus
reacciones, dejando ver nuestra indolencia, frialdad y falta de comprensión
frente al dolor ajeno. Podemos ponernos en sus zapatos por unos segundos, diez
hijos nacidos de su vientre habían sido muertos, el shock que es la primera
acción en el duelo la dominó, no quería
o no podía creer lo que estaba viviendo, había perdido el control sobre todo,
se había roto el equilibrio que la familia había alcanzado. La rabia de esta mujer
es un clara revelación de lo que nos pasa cuando somos atacados, reconozcamos
que no es fácil mantener la cordura, su ser interior estaba desintegrado, había recibido un balazo directo al alma…
-
Un padre que rasga sus vestiduras y rasura su
cabeza en señal de quebranto y adora, sin perder la esperanza porque aún en
esto había un propósito.
-
Una madre que se desespera, no encuentra sentido
a la vida, y no razona sus palabras, había un sobreviviente, su esposo, pero no
valía la pena “muérete tu también”.
¿Cuál de los dos había sido más
honesto en el dolor? Ambos, porque ante las pérdidas no hay reglas, solo gente
que siente con el corazón y debe respetarse, las lesiones profundas se viven de
diferentes maneras… hablando, llorando, mirando fotos o guardándolas, borrando
todo lo que me recuerda a mi ser amado o dejando todo intacto como el día en
que se fue. Lo interesante es que ambos no negaron la pérdida, en su
resistencia a esta verdad tomaron
diferentes caminos.
Cuántos sueños habían muerto ese
día! Cuántas cosas pendientes habían quedado! Tanto por decir o hacer! Es
entonces cuando aparecen otros aliados del dolor, la culpa, las
recriminaciones, la comparación de dolores, ¿Quién está sufriendo más?
Job y su esposa entraron en un
estado que no posee “rol social”, cuando perdemos nuestro compañero/a pasamos a
ser “viudos/as”, cuando la pérdida es de nuestros padres somos “huérfanos” pero
la pérdida de un hijo no está previsto y mucho menos de 10 hijos a la vez. Se
trata de algo anti natural, se supone que primero nos debe tocar a nosotros y
no a ellos, es la expresión más desgarradora a la que un ser humano es
sometido.

Por eso el Padre dio a su Hijo Unigénito por amor a nosotros... por eso hay esperanza en el dolor más profundo.
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